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28/6/10

TOREO ETERNO

José Luis Moreno inunda el coso de “Los Califas” de toreo de ensueño, de toreo eterno

José Luis Moreno nos regaló en la pasada Feria de Córdoba dos faenas para el recuerdo. Si bien es cierto que la faena cumbre, sublime, la realizó el sábado a un sobrero de Torrestrella, no es menos cierto que el jueves, con el de La Palmosilla, interpretó un toreo de mucha rotundidad y de una enorme dimensión y, por consiguiente, es una faena que no debe quedar diluida en el tiempo por la obra maestra y también ha de perpetuarse en la memoria de los aficionados.
Los afortunados que pudimos presenciar in situ las faenas realizadas por José Luis Moreno en el coso de “Los Califas”, asistimos a una lección magistral del toreo con mayúscula, de toreo grande, del de verdad, sin trampa ni cartón. Toreo de muchos quilates, del caro, del que un aficionado ve unas pocas veces en su vida. Faenas preñadas de empaque y enjundia y, por supuesto, de cadencia como cualidad indispensable del temple más majestuoso.
Cuajó faenas de toreo hondo y recio. Toreo de mano baja, muy baja. Con su muleta de seda y temple bordó el toreo, el toreo eterno, el toreo de época, ese que permanecerá indeleblemente en el tiempo, prendido inexcusablemente y para siempre, en la memoria de quienes lo presenciamos inmersos en la delectación más sublime de tan excelsa obra. Hasta en el toreo accesorio, es decir, en los desplantes y adornos, incluso andando delante de la cara del toro lo convirtió, con la elegancia y empaque que le caracterizan, en expresión máxima de la torería.
El sábado, además, plasmó en el dorado albero cordobés lo más difícil, torear despacio al de Torrestrella, tan despacio que, desmayándose en las suertes, todo fue hecho al ralentí, de tal manera que la faena parecía una repetición a cámara lenta ofrecida por una pantalla gigante de televisión, pero no había tal pantalla, no, era José Luis Moreno interpretando un toreo como seguramente lo harían los ángeles, si estos espíritus celestes tuvieran que ver con este arduo y noble arte. Y qué manera de bajar la mano, tanto, que la muleta barrió el albero capitalino extasiando a los aficionados, y qué faena tan ligada y tan preñada de temple. Y como faena magistral que fue, pudimos descubrir con claridad meridiana los tiempos de las suertes: parar, mandar y templar. Corrió la mano tan baja, tan despacio, acompasando la velocidad de la embestida del toro a la suya que, sabiéndose dueño absoluto del mando, llevó al toro embebido, empapado en la muleta, como cosido a ella, trayéndolo toreado, cargando la suerte y aun tendiéndola, que resulta mucho más bello, pues los muletazos se hacen eternos.
El toreo es quietud, es decir, toreo de cintura, de brazos, de muñeca, y eso es lo que hizo José Luis Moreno, atornillar las zapatillas en el albero para, a continuación, con su mando y toreo poderoso de mano baja y soberbio temple, embarcar al toro en la muleta, llevándolo largísimo, y rompiendo la cintura para alargar aún más la embestida. El toreo tomó otra dimensión y surgieron redondos y naturales interminables, sempiternos, rematados atrás, liándose el toro a la cadera. Muletazos hondos, arrolladoramente puros, sin mácula, inmarcesibles, y de una lentitud arrebatadora. Redondos y naturales para poder confeccionar un catálogo de carteles de toros.
Faenas que brotaron del manantial inagotable del arte y del sentimiento que este TORERO lleva en sus entrañas, y cuyo cénit no se llega a vislumbrar.
La del sábado fue una faena cumbre, memorable, una obra de arte con la que José Luis Moreno ha escrito una página con letras de oro en la historia de la Tauromaquia. Una página del toreo en su máxima dimensión.
Como cabía esperar, José Luis Moreno conquistó las principales distinciones del certamen “Coso de Los Califas, que anualmente viene organizando El Corte Inglés. Los miembros de dicho jurado le otorgaron los dos premios más significativos: el de triunfador de la Feria y el de la mejor faena de la misma. Sin embargo, los integrantes del cenáculo, al que no me refiero como la sala en que Cristo celebró la última cena, sino a la acepción que tiene que ver con la reunión de unos señores que, en teoría, deberían profesar unos criterios objetivos acerca del arte de torear y que, sin embargo, al dejarlo desierto, han menoscabado la reputación del Trofeo Manolete, infiriéndole mancillamiento, desdoro. Posiblemente ellos hubieran deseado entregárselo a quien no ha podido estar en la Feria, o a quien aun estando, no ha estado. El año pasado ya le fue arrebatado injustamente a José Luis Moreno. Sin embargo, este año, el torero de Dos Torres no sólo ha hecho la faena de la Feria, sino la de muchas Ferias, posiblemente, la de todas las Ferias. Si por parte de los miembros de este jurado no ha sido acreedor del trofeo, no tengo más remedio que pensar en la animosidad de algunos miembros del mismo hacia el torero de Dos Torres. Si no fuera así, se hace ineludible que los responsables del mismo elijan personas con la sensibilidad y la capacidad necesarias para otorgar el trofeo a quien se lo gane en el redondel.
Gracias maestro. Gracias amigo José Luis, gracias por hacernos gozar con tu arte y por regalarnos toreo de ensueño, faenas para el recuerdo, toreo eterno.




Carlos Alcalde Gallardo

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